La leyenda de Virabhadrasana, el guerrero amigo.


 

La leyenda de Virabhadra: el guerrero de Shiva

La visión pura: ver con la mente despejada.

La figura de Virabhadra proviene de una de las leyendas más significativas dentro del

corpus puránico de la tradición hindú, en especial en los textos del Mahābhārata, el Vayu

Purana, el Padma Purana, el Skanda Purana, así como en textos más antiguos como el

Taittirīya Samhitā y el Shatapatha Brahmana. Estos relatos reflejan no sólo el desarrollo

mitológico en torno a la figura de Shiva, sino también ciertas tensiones ideológicas

presentes en la historia del hinduismo, particularmente entre las corrientes ascéticas y

ritualistas.

El origen y significado de Virabhadra sólo puede entenderse plenamente dentro del conflicto

profundo y simbólico entre Daksha y Shiva. Este enfrentamiento, según la mitología, se

extiende a lo largo de innumerables eras cósmicas, y refleja no sólo una disputa entre

Dioses, sino una oposición entre dos visiones del mundo: dos formas distintas de

comprender el orden, la devoción y realidad espiritual.

Daksha encarna el principio del orden establecido. Su nombre significa "capaz" o

"competente". Es un legislador cósmico que exige respeto hacia las jerarquías divinas y

humanas, y espera obediencia tanto de los hombres como de los dioses.

Para Daksha, la devoción se expresa a través de los rituales formales y protocolares. Desde

esta perspectiva, figuras como Shiva —marginal, ascético y disruptivo— son vistas como

amenazas al equilibrio del mundo.

En este contexto, la aparición de Virabhadra simboliza el surgimiento de una fuerza que

cuestiona y desestabiliza ese orden. .

En la mitología, Virabhadra es una emanación de Shiva, nacido del fuego de su dolor y

determinación.

 Esta es su historia:

El relato central gira en torno al ritual-sacrificio llamado yajña, organizado por Daksha, gran

jefe de los Dioses. En este evento, Shiva (que a su vez era esposo de la hija de Daksha; la

diosa Shakti (Sati) es deliberadamente excluido, lo cual puede leerse como una representación simbólica del conflicto entre el orden sacrificial védico y las tradiciones

marginales o no ortodoxas asociadas a la figura de Shiva.

Sati, como esposa de Shiva e hija de Daksha, se presenta igualmente en la ceremonia y, al

ser testigo de las ofensas hacia su esposo delante de todos los presentes, decide inmolarse

frente a la multitud, entrando en una profunda meditación hasta autoconsumirse en fuego,

en un acto de afirmación espiritual y rechazo total al insulto y ofensa de su conservador

padre.



Sati en trance frente a su padre Daksha y la multitud presente en el Yajña.

 

Conmovido por la muerte de Sati y colmado de ira, Shiva arranca un mechón de su cabello y

lo lanza al suelo, del cual surge Virabhadra, como una emanación suya divina de aspecto

temible, múltiples brazos y disposición guerrera. Esta figura es enviada por Shiva a

interrumpir y destruir el yajña de Daksha. En las versiones puránicas, la destrucción del

sacrificio es representada con gran dramatismo: Virabhadra mutila a varias deidades

asistentes al rito, decapita a Daksha y genera un estado de caos sagrado que interrumpe el

orden litúrgico. Posteriormente, Shiva mismo interviene, detiene la devastación y, en algunos relatos, revive

a Daksha colocando en su lugar una cabeza de cabra, lo que permite retomar el curso del

sacrificio en una nueva dimensión de humildad. Este gesto final indica un restablecimiento

del orden cósmico.

Desde una perspectiva simbólica, la leyenda representa no sólo el conflicto entre distintas

formas de religiosidad sino también un modelo de transformación espiritual en el cual el ego

(representado por Daksha) debe ser destruido y transfigurado para dar lugar a una forma

más auténtica de conocimiento y servicio.

“Me inclino ante el Señor Virabhadra, que es tan feroz como Yama al final de Kalpa.

y cuya terrible risa hace temblar los mundos,

por destruir mis miedos al cruzar el terrible océano de las penas.”

— Amogha Sadashiva

Así, Virabhadra es, además de una figura mitológica, un símbolo complejo del poder

destructor que libera y transforma, y su aparición está íntimamente ligada a la comprensión

del sacrificio, no como rito externo, sino como un acto interior, muerte simbólica,

renacimiento y transformación espiritual.

Shiva llegó a casa de Daksha para ver el daño causado por Virabhadra. Tras esta

venganza, Shiva absorbió a Virabhadra de vuelta a su forma original. Su ira se disipó, pero

ahora lo invadió una tristeza que se transformó en compasión al presenciar la sangrienta

obra de Virabhadra. Shiva devolvió la vida a Daksha, dándole a su cabeza la forma de una

cabra. Abrumado por este generoso gesto, Daksha invocó a Shiva, Shankar, el bondadoso y

se inclinó con humildad ante Shiva Shankar. Los demás dioses y diosas siguieron su

ejemplo y honraron a Shiva.

Shiva luego se retiró a la montaña a meditar, transformando su dolor en introspección, y

sublimado en compasión. Shiva entonces logró que su esposa Sati renaciera como Parvathi.

En la leyenda hindú, tanto Sati como Parvati desempeñan sucesivamente el papel de sacar

a Shiva del aislamiento ascético y llevarlo a una participación creativa en el mundo..

Posteriormente Shiva y Parvati forman una familia, siendo el dios Ganesha uno de sus hijos,

pero esa historia queda para otro Capítulo.

Virabhadra, el héroe auspicioso, furioso como el fuego llameante, es el feroz instrumento

de Shiva para la destrucción de la ignorancia, el ritualismo y el dogma. Virabhadra, el Gran

Guerrero, es la sublimación de la impaciencia y la ira de Shiva; la personificación de su

poder resuelto; y, por lo tanto, se le considera un aspecto de Shiva en estado de ánimo

ardiente, capaz de quemar la ilusión.



Virabhadrasana I representa la irrupción de Virabhadra: el momento en que

emerge con fuerza desde la tierra, con las espadas levantadas hacia el cielo.

Virabhadrasana II es el momento de fijar el objetivo, cuando Virabhadra se

posiciona con firmeza y dirige su mirada hacia Daksha.

Virabhadrasana III simboliza el golpe preciso, la acción final: equilibrio, dirección y

determinación en un solo gesto.

Esta leyenda representa el arquetipo del guerrero espiritual: la energía que se manifiesta

para proteger lo sagrado, defender la verdad y transformar el dolor en poder

consciente. Practicar Virabhadrasana es conectar con esa fuerza interior que emerge en

momentos de crisis, y actuar con propósito, estabilidad y compasión.

Virabhadrasana es una postura que encarna la acción del héroe (o heroína) una vez que

ha cruzado el umbral. El cuerpo está desplegado, anclado firmemente en la tierra, con la

mirada firme hacia adelante.

Se trata de una postura de afirmación, que requiere compromiso, dirección y claridad. El

mito de Virabhadra —el guerrero que surge del cabello de Shiva al arrancarlo de un tirón en

un acto de duelo y furia— ya nos sitúa simbólicamente en una narrativa de transformación

radical, en la que el fuego, la destrucción y el coraje son necesarios para una posterior

transformación

En la práctica, mantener Virabhadrasana durante cinco respiraciones profundas exige

sostener la dualidad de esfuerzo y calma, fuerza y entrega, sthira y suka. El guerrero / La

guerrera no se deja arrastrar por el conflicto; lo contempla con una mirada centrada. El

asana se convierte así en un ritual de presencia, donde podemos afirmar "Estoy aquí, y

estoy dispuesta a atravesar mi sombra."

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